tito alvarado, chile
El Poder y la Gloria
Introducción
En mis encuentros con el discurso escrito, sea este en palabras o en hechos, por defecto profesional me voy a buscarle una explicación, es decir, intento analizar lo que leo, lo que escucho y lo que veo.
Sé, más por práctica que por libros, que las palabras en si no tienen ningún poder y, por lo mismo, también sé que estas valen poco si no van acompañadas de hechos. Trato en todo momento de evaluar a las personas por lo que hacen y no por lo que dicen. Desafortunadamente las palabras tienen la fatalidad de ser dichas y prestarse a mal entendidos, incluido el equívoco de herir susceptibilidades.
Todo idioma tiene muchas palabras cuyo uso, mal uso o abuso nos lleva por los intrincados laberintos de la incomunicación. Quizá todo tenga su origen en que hay palabras que tienen varios significados y hay varias palabras que nos remiten a un mismo significado. Una palabra para muchos usos, un uso con muchas palabras.
Por lo mismo procuro que las palabras que atrapo en el papel tengan la virtud de ser breves y lo más cercano a lo que intento significar. Confieso que no siempre lo consigo y por esta misma razón lo sigo intentado. En este momento me impuse el deber de hablar de dos palabras con irresistible imán y una nefasta aureola de misterio, ellas son: poder y gloria.
Las palabras en si no significan nada, somos nosotros los que les damos un significado a ciertos sonidos, para hacer posible la magia de la comunicación entre los seres humanos. Poder y gloria no escapan a este fatalismo.
Ambas palabras tienen esto complicado de que se pueden usar sin que debamos especificar exactamente el significado que le queremos dar y por lo mismo su uso se presta a la deleznable costumbre de la ambigüedad. Decimos algo, que puede no ser exactamente lo que queremos significar y dejamos en el limbo la interpretación que nuestro interlocutor quiera hacer de lo escuchado. En realidad enunciamos, con arreglo a las ideas y valores que profesamos, el otro decodifica, con arreglo a sus ideas y valores y estos no siempre son coincidentes, pero esta ambivalencia de las palabras posibilita que significados distintos y distantes se asuman como aproximados.
En este caso actual quiero hablar de: el poder y la gloria como algo abstracto que sirve a, o denota, elevados propósitos.
El Poder
Poder es un verbo auxiliar de acción anterior a la realización de la misma. Utilizo el verbo poder para manifestar una facultad que yo tengo de hacer algo, pero la idea queda inconclusa si no lo acompaño con otro verbo que la complete y sugiera la acción específica. Digo puedo y nadie entiende de que hablo, en cambio si digo puedo pensar, aunque no indique qué pienso, ya es una puerta abierta a una nueva realidad, es un resultado entendible, es comunicar una idea comprensible para quien escucha o lee.
Distinto es si hablo de, el poder, dos palabras que separadas no tienen otra tarea que ser auxiliares de otras, en cambio unidas son una totalidad abarcadora, que abruma y alucina. Por extraño que parezca, tenemos una idea somera de lo que es el poder y muchas veces lo sentimos en carne viva o en el bolsillo, pero no tenemos una idea muy definida de como se llega él o de como este se genera y se alimenta.
En la gran diversidad de culturas e idiomas en que la gente se expresa, encontramos las expresiones de todo aquello que nos hace semejantes y a la vez diversos. También encontramos una constante que dice relación con lo que profundamente anima al ser humano: el miedo ancestral a lo desconocido. En pequeño podemos preguntarnos ¿qué hay más desconocido que la oscuridad? En grande la pregunta sería ¿qué hay más desconocido que el universo infinito? De estos desconocimientos, es decir de lo que ignoramos proviene el alimento de este miedo. En tiempos remotos los seres humanos, o en proceso de humanización, debieron actuar por instinto de conservación y por miedo a lo inexplicable. En ese entonces todos eran relativamente iguales, pues todos estaban expuestos a los mismos peligros y necesidades. Los intereses del grupo primaban como única forma de sobre vivencia. Las desigualdades surgieron cuando hubo más bienes de los necesarios: algunos asumieron la tarea de cuidarlos para futuras eventualidades. Estas desigualdades generaron lo que hoy entendemos como el poder. Entendido este en el sentido de la potestad que se le entrega a algunos o que adquieren por la fuerza, por herencia o por subterfugios y que les permite determinar por los demás.
En este sentido cada institución genera un poder, en cada familia se genera un poder y hasta cada individuo tiene un poder: poderes que interactúan todos supeditados unos a otros. El poder significa que unos adquieren una potestad para actuar y que otros muchos renuncian, voluntariamente, por la fuerza o por la coerción, a su espacio de libertad.
A medida que el mundo ha pasado por distintas etapas, el poder ha revestido distintas formas y se ha impuesto, esencialmente, con dos métodos: la violencia y las palabras, es decir el discurso para explicar el mundo, el discurso para hacer aceptable la dominación de unos contra otros, el discurso para mantener el poder en las manos de quienes lo tienen. Hoy el poder es algo que se expresa con mucho de circo y distintos discursos, que en su mayoría defienden lo indefendible.
El poder poco o casi nada tiene que ver con la razón, el conocimiento o el bienestar de todos. Hoy por hoy el poder es simplemente una forma de vida para los que sin él no tienen nada, lo cual dice relación con una dependencia que el poder produce en quienes lo detentan, el poder atrapa y también el poder se corrompe hasta el grado de que ya no representa ideas o el bien colectivo. Paradojalmente en el umbral del “no poder” hay un poder resistente y emergente que lucha por instaurar un poder que esté supeditado a las necesidades humanas.
Veamos tres citas, con tres formas de ver el poder:
Elhombreque puede, es rey nos dice Carlyle con una carga de romanticismo y desconocimiento de los factores sociales y económicos.
Poder es querercon eficacia. Donde no hay voluntad para concebir y fuerza para ejecutar, allí no existe poderde ninguna especie, nos diceColmeiro, en el sentido moderno esta cita nos lleva al autoritarismo o a la dictadura o a la democracia sin los obstáculos de las minorías y los diversos grupos de poder.
No hay más que un poder: la concienciaal servicio de la justicia; no hay más que una gloria: el genio, el servicio de la verdad,nos dice Víctor Hugo con la desfortuna de que la modernidad no entiende su sentido altruista, lo que más abunda en el mundo es la injusticia y la inconsciencia. Sin embargo el poder sigue allí.
He encontrado algunas máximas sin autor, cuyo sentido comparto y les invito a razonarlas y hacerlas suyas:
Emplea en propósitos constructivos el poder que ya tienes, y se acrecentará.
El poder es creer que se puede hacer posible lo imposible.
El poder radica en uno mismo, la dificultad es saber encontrarlo.
Lo sublime del poder depende de las virtudes de quien lo tenga.
La Gloria
La palabra gloria, como nombre común, registra diversas acepciones, que varían levemente según sea el diccionario consultado. El que yo utilizo registra ocho acepciones:
- En algunas religiones, paraíso, lugar a donde van los bienaventurados después de la muerte y en el que pueden disfrutar de la visión de Dios: los justos alcanzarán la gloria.
- Fama, reputación: ese descubrimiento le ha dado mucha gloria.
- Gusto, placer: da gloria oírlo.
- Majestad, esplendor: está en toda la gloria de su poder.
- Representación pictórica de ángeles, resplandores, etc.: un gloria de Murillo.
- m. Cántico o rezo de la misa, que comienza con las palabras Gloria in excelsis Deo: un coro de monjas interpretó el gloria.
- estar en la gloria loc. col. Encontrarse muy a gusto: rodeado de mi familia estoy en la gloria.
- saber a gloria loc. col. Tener un sabor muy agradable: estas fresas saben a gloria.
Como lo nuestro no pretende ser un tratado de teología no analizaremos el significa de gloria en el sentido 1, 3, 5, 6, 7 ni 8, pues ellas tiene un marcado acento religioso. Como vemos en la acepción primera, la gloria es el lugar donde se encuentra Dios, algunos lo sitúan sentado en un trono. Bueno es recordar que no siempre ha habido reyes ni que tampoco siempre estos estuvieron sentados, pero el imaginario de la época en que surge esta palabra, situa a Dios sentado para deleite de quienes llegan a la gloria.
En esencia la gloria es un lugar, el más sublime, al más apacible, el más hermoso de todos aunque nadie lo haya descrito en detalles. Por extensión usamos el término gloria en su sentido de fama de renombre, de majestuosidad y esplendor. Estos dos últimos usos nos hablan más de una cosa física, una pintura, una casa nueva, pueden ser majestuosas; una joya puede ser esplendorosa, pero nunca la obra de una o de muchas personas.
En cambio usamos fama, reputación en el sentido de gloria aplicado a los resultados positivos del accionar de una o muchas personas. Conocer la gloria de esta manera no es entrar a un lugar determinado es vivir el resultado de una acción o de muchas acciones de mérito, es construirse ese lugar en uno mismo. Esta gloria puede abrir puertas y en este sentido es un poder. Quien posea fama goza de ciertos privilegios, que le hacen vivir como en la gloria, por respeto, por reconocimiento, por cariño. En cambio quienes detentan el poder no siempre son respetados o queridos, casi siempre son temidos.
Esta gloria es un resultado, se llega a ella por méritos. El poder es algo intangible que se ejerce en beneficio de unos y/o en perjuicio de otros. Sin embargo la gloria es un poder, y el poder puede ser una gloria. Mucho depende de lo que nosotros hacemos con esos atributos, que en un caso son producto del mérito propio y en otros de la renuncia de muchos.
Napoleon era uno y el mismo, en tanto persona y su historia, cuando fue coronado emperador estaba en la gloria de su poder, cuando estuvo prisionero en la isla de su destierro, era el mismo y otro muy distinto a la vez, solamente le quedaba la gloria, el poder se había desvanecido.
La gloria tiende a permanecer e incluso puede acrecentarse con el tiempo,
Conclusión
Los atractivos del poder son pasajeros, los atractivos de la gloria son más perdurables. El poder suele dejar una huella de hechos desagradables, la gloria deja una huella de hechos resaltables que continúan creciendo, el poder es temible, la gloria es admirable.
Su tuviese que elegir entre el poder y la gloria, mil veces prefiero la gloria. La gloria da poder, el poder no siempre da gloria. Sin embargo la gloria o el poder en si no significan nada, son nuestros actos y nuestras decisiones las que nos llevan por uno u otro camino y somos nosotros los que hacemos con estos atributos una joya del espíritu humano o una infamia.
Lo que importa no es lo que el poder hace con uno sino lo que uno hace con el poder, esta pequeña diferencia nos puede conducir a la gloria.
Proyecto Sur no es el poder, pero puede y debe ser un poder, pues la meta es alcanzar la gloria, la gloria de voluntades diversas unidas en sus diferencias, la gloria de actos perdurables, la gloria de sumar personas y actos puros, la gloria de enfrentar, desde el arte y la cultura los monstruos que hay amenazan la vida, la gloria de hacer del cambio un arte posible, la gloria de mirar atrás y ver que ha valido la pena emprender el camino de confiar en el ser humano y desde su interior sacar al mundo lo mejor de si.
Nuestro poder es el arte, la creación, nuestra gloria será la suma de miles de voluntades y llegar con actos puros a millones para humanizar la naturaleza, para naturalizar al ser humano.
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Por lobogabriel - 28 de Enero, 2008, 16:56, Categoría: lecturas
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